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08 septiembre, 2008

Los tacones más altos de mi vida

Tras dos meses de pleno maratón, la frenada ha sido en seco para un punto y a parte.

Ha sido un verano sin rebajas, sin concesiones, pero lleno de emociones. El vértigo inicial, el miedo a caminar subida a unos zapatos que pensaba que me quedaban grandes se esfumó por el arropo de compañeros de viaje. Compañeros anónimos, y no tanto, que me animaron a subirme a los tacones más altos, más bonitos y más fashion… que había llevado en mi vida.

Me di cuenta de que en mi viaje hacia la Luna despegué sola, descalza, pero regresé a tierra muy bien acompañada. Se montaron en mi nave zapatos de todas las formas y colores, que guardan tras de sí muchas más historias que las que se pueden escuchar en apenas cinco minutos; y un inesperado par musical que ha querido pilotar conmigo la máquina. Una máquina que ha parado el tiempo durante ocho semanas y que me ha permitido ver el mundo desde otra perspectiva: con los pies en la tierra, pero con la cabeza y los sueños puestos en el satélite lunar.


El viaje ha llegado a su fin. Después de este punto de reflexión y oxígeno, encerrada en una pompa de jabón; todo seguirá igual y a la vez diferente. Guardaré los altos tacones para empezar un curso más, una Luna más… Será una etapa que me empuja a aires nuevos, con zapatos nuevos y un baúl mayor para dar cabida a los compañeros de viaje del que ya es el verano de mi vida.

24 abril, 2008

De suelas y empeines. De caras y cruces

¡Cuántas veces sentimos la curiosidad… la necesidad de poner un rostro a las cosas!! A una voz que se escucha a través de la radio, a un amigo que se tiene lejos, a un amor que está por llegar…

Sentimos un ansia continua de estrenar rostros como si se tratase de un nuevo par zapatos. Los vemos, si hay suerte; nos los quedamos y los estrenamos!!! Pero, ¿de qué depende la templanza que tiene que tener uno para mantener la sangre a la temperatura correcta y no desesperar por subirse a unos altos tacones y sentir el vértigo de nuevo? ¿Es cuestión de edad, madurez o carácter?

Pero la cara, el empeine, lleva emparejada una cruz, la suela. Y esa cruz será la que desinfle el globo. La que haga que la emoción de subirse por fin a unos tacones de calidad y que merezcan la pena, se desvanezca. Quizás sí sea el carácter de las personas y la forma de ser, o la experiencia que no da la edad, sino las heridas; las que hagan que la emoción del tren que coge velocidad se pare en seco. ¿Realmente cuando nos enamoramos, se tenga la edad que se tenga, uno se deja llevar a pesar del equipaje que trae de anteriores viajes? Zapatos gastados, pares rotos, algún que otro desemparejado y otros que de tan bonitos se quedaron en la caja.

Cajas pasadas que estaban vacías como la que volvía del otro lado del charco en “malas condiciones”, lejos del glamour y fetichismo de un par de lo más pizpireto.

Nadie lo sabe, ni siquiera la pitonisa que me asomó a un artista, a un viaje y a una estrella, más allá de las cinco lunas. Rostros que cada noche imaginamos atribuyendo historias pasadas, historias presentes y futuras… Una gran incógnita.