Tras dos meses de pleno maratón, la frenada ha sido en seco para un punto y a parte.
Ha sido un verano sin rebajas, sin concesiones, pero lleno de emociones. El vértigo inicial, el miedo
a caminar subida a unos zapatos que pensaba que me quedaban grandes se esfumó por el arropo de compañeros de viaje. Compañeros anónimos, y no tanto, que me animaron a subirme a los tacones más altos, más bonitos y más fashion… que había llevado en mi vida.
Me di cuenta de que en mi viaje hacia
El viaje ha llegado a su fin. Después de este punto de reflexión y oxígeno, encerrada en una pompa de jabón; todo seguirá igual y a la vez diferente. Guardaré los altos tacones para empezar un curso más, una Luna más… Será una etapa que me empuja a aires nuevos, con zapatos nuevos y un baúl mayor para dar cabida a los compañeros de viaje del que ya es el verano de mi vida.

