19 junio, 2007

Próxima parada: concierto de "pop hindie"

Próxima parada concierto de pop hindie. Para empezar, tengo que saber qué significa este nuevo término de mi vida. Un macro festival trae a España a varios grupos de heavy pop metal o como se diga y, aunque no conozco ninguno de sus temas, es una estupenda ocasión para hacer ejercicio de eso que se llama “cultura general”.

Los periodistas somos como un cajón de sastre. Siempre hay alguno que está puesto en estos temas, así que tiré de él como intérprete de la situación. Lo primero de todo y después de haber investigado cómo pasar por nuestra cara bonita, una de mis especialidades, fue acordar el vestuario apropiado para un escenario totalmente desconocido para mí. ¿Cómo iba a pasar desapercibida en el mundo del metal? Saca del baúl los vaqueros rotos. Hasta ahí todo bien. Las críticas llegaron cuando me dejé en casa el top-hombro descubierto y me puse una superposición de camisetas venidas del otro lado del Atlántico al igual que los grupos de rock. A lo más que llegué fue a intentar tararear sonidos extraños que no lograba entender y a observar qué zapatos se llevan a una plaza de toros cuando la cuando la muleta y el capote son una batería y una guitarra eléctrica. De todo lo encontrado, me quedo con unas bambas de cualquier color lejos del blanco.

Pasado el concierto y tras descubrir All these things that I’ve done, me llevaron de terrazas nocturnas por la capital, haciendo honor a esta ciudad que no duerme. La llegada de la época estival invita al “terraceo” y nuevos modelitos que crear y pasear. Estoy desentrenada y la carrera es contrarreloj.

La noche fue divertida, novedosa, creativa, hindie… pero como decía mi horóscopo: “Aprovecha mejor el día”. Las señales masculinas siguen a CERO.

Un nuevo cambio de estación y reflexionamos una vez más sobre lo rápido que pasa el tiempo. Nos ponemos melancólicos, nostálgicos, reflexionamos. Quizás la llegada del solsticio propicie nuevas decisiones, entre ellas sacar a relucir otra vez los pies [qué horror], totalmente olvidados del invierno, con unas sandalias; o cambiarme de casa. Nos hacemos mayores. El punto de partida de una nueva vida que no del todo se desprende del pasado. ¿Se debe empezar de cero o de cero coma cinco??, ¿Qué parte del pasado debemos llevarnos en las cajas de la mudanza?, ¿Cuántos pares de zapatos es posible coleccionar?

El mundo del single se amplifica cuando no se comparten las cuatro paredes de un mini piso. Después de toda una vida viviendo en compañía y con compañía, me pregunto cuándo volveré a hacerlo. Es curioso pensar en esto después de huir hacia el individualismo. De casa de los padres, al piso de amigas, al tuyo más sola que la una… y ¿a vivir en pareja? ¿No volveré a compartir hogar hasta que encuentre a alguien a quien soportar? O lo que es peor, ¿me volveré tan maniática que alguien podrá soportarme a mí?

05 junio, 2007

El intrigante mundo de las segundas citas

¡Qué locura de mes!!!! ¡¿¿Será cierto ese dicho de que “la primavera la sangre altera” para preparar el terreno al verano que está a la vuelta de la esquina???!!!

Semanas de intensas pasiones y de pasiones intensas. No, esta vez no he podido ir de compras para calmar mis penas pero… la cita a ciegas tuvo segunda parte, y en esta ocasión, fue con más sabor. En concreto, a helado de chocolate blanco como adelanto a los refrescos de verano. Ummmm!!! ¡Muy apetecible!

Cuando una cita a ciegas lleva a un segundo encuentro, ya sabiendo lo que te vas a encontrar, empiezan los dilemas. ¿Una pequeña decisión llevará a otra pequeña y a otra y a otras… que acabarán en una GRAN decisión? ¿Es bueno quedar con un chico-cita en más de una ocasión si lo que se pretende es seguir con el “paseo” y no meter quinta? En el encuentro me subió la adrenalina, se activó mi serotonina pero no pude evitar convertirme en Julia Roberts. Lejos de ser una pelirroja de compras por Sunset Bulevar sin límite de crédito en la tarjeta, el escenario me convirtió en novia a la fuga. Repetir vestuario no debió de ser una buena señal…

La huída me llevó a la inauguración de un After Work, así que me subí de nuevo a unos taconazos de aguja. Este innovador concepto de bar de copas para desconectar al salir de la oficina hizo que llevara la innovación también a mi atuendo. Aposté por los colores de moda de los próximos meses: fushia y naranja mezclados con negro y beige. Tras unos cuantos mojitos estupendos, mi chico-agenda siguió creciendo. ¿Se trataba de casualidad o será verdad eso de las buenas rachas que hay que aprovechar???

Después de romper una relación y por muy agotada y dolida que se haya salido de ella, es inevitable pensar dónde se encontrará al próximo amor o cuánto tiempo tendrá que pasar para entonces. Si se piensa cómo se conocieron las parejas que nos rodean, se llega a la conclusión de que la noche, por mucho que confunda a algunos, no es un buen lugar para encontrar buenas pasiones. La noche ya sólo es mi pista de baile así que ¿quién sabe si el escenario dónde me encuentre Cupido será un after work??? Sea ahí o no, lo que está claro es que el primer intento fue fallido pero me llevó a un nuevo escenario: el fútbol, una vez más.

Aunque el partido no fuese de lo mejor y menos para mi equipo que jugaba como visitante, esta vez el estadio me deparó alguna que otra sorpresa de lo más VIP. Lejos de las gradas y el griterío de hinchas merengues y asalvajados, la cita fue en el Realcafé con una estupenda y especialmente sabrosa vista al campo. La ocasión lo exigía así que mis vaqueros y las all stars doradas se quedaron en casa dejando paso a unas monísimas y comodísimas cuñas glam firmadas por Pilar Burgos. La tarde también dio paso pero a la fiebre del sábado noche. Las dobles parejas que acudimos al partido no me convencían así que, yaen la madrugada, me puse a pensar en el juego de las parejas cruzadas. Aunque en el dominó no haya quién me gane, en esta partida juego con clara desventaja, sin contar mi desentrenamiento total para el intrigante e indescifrable “lenguaje de los hombres”.

De nuevo probé con el mundo de las segundas citas ¿En ese lenguaje masculino un segundo encuentro será como para nosotras?, ¿dónde y cómo podré intrepretar sus "señales"? Por si acaso, esta vez no repetí modelo… y aproveché a observar mejor lo que había visto en el primer encuentro. A la luz del día, no estaba nada mal. Si el fútbol levanta pasiones entre los seguidores, ¿puede el campo levantarlas en mí?, ¿sería el nuevo escenario donde levantar el banderín para decirle a Cupido, o algún primo que tenga por ahí, donde encontrarme?

Ya a las puertas del verano, la operación bikini no ha dado los frutos esperados y los resultados se han invertido. Y tanto!!! El borrón y cuenta nueva para empezar de cero tampoco ha ido bien del todo y me ha devuelto a un círculo vicioso difícil de salir y olvidar. Segundas partes no son tan buenas como segundas citas. Lo próximo será encomendarme a las meigas de San Juan para que el solsticio del próximo 24 de junio, la noche más mágica del año, traiga calma y quién sabe si algún amor… aunque sea sólo de verano.

19 mayo, 2007

Una canción más

La vida está llena de casualidades… o eso queremos pensar cuando vivimos situaciones sorprendentes. ¿Será voluntad del destino o simplemente el cruce de dos rectas perpendiculares que sólo coincidirán en ese punto de la vida?

Un nuevo sarao llamó a mi puerta, otra ocasión perfecta para seguir componiendo la BSO de mi vida. Se trata de un ritmo diferente, algo así como Funkmenco, el guapo agente 707 se convirtió en 909. El artista se reencontraba con la música, el escenario y el público tres años después y una amiga me preparaba una cita a ciegas, también tres años después de mi última… puesta en escena.

¿Cómo prepararme para un doble evento? Saque del armario otras nuevas adquisiciones para mis pies, peep toes pata de gallo, y empecé a pensar qué combinar a partir de ahí. Los diseñadores han conspirado este verano contra todo aquello lejos de la talla 34 y de unas piernas largas y sin ningún tipo de curva, así que fui a lo seguro y permitido por mi sentido común. Negro por abajo y blanco por arriba. Algo así como “arreglao pero informal”. Perfecto. Mientras, el desfile de invitados se convirtió en una pasarela de las últimas tendencias: mini shorts de colores, cabelleras con alisado japonés, mini bolsos, mini tallas y plataformas en sus infinitas y equilibristas formas y tamaños. Fiebre del jueves noche…

La promoción previa de los encuentros fue intensiva. La tecnología del sms hizo crear expectativas con cierto grado de incredulidad y, por otro lado, los amigos, aquellos que realmente lo son, hacen lo posible para que el paseo comenzado hace un tiempo sea de lo más apetecible. La cita a ciegas fue realmente divertida. Nos encontramos rodeados de pseudo Farruquitos, Rafaelas Carrás, algún travesti que finalmente no lo era, y una zona VIP, convertida en Vips.

Después de vivir paralelamente sendos reencuentros, uno con su música y otro con sus amigos, las tangentes nos cruzamos, nos miramos, nos reencontramos. Prometimos uno más. Pero al final los ritmos diferentes resultaron ser más de lo mismo y el cruce de las rectas no fue más que una casualidad que la vida te pone por delante. Humo de neón. Etéreo y efímero, como un pestañeo, una onda radiofónica. Una canción más para la banda sonora de mi nueva vida que acaba de empezar.

05 mayo, 2007

Hormas masculinas por descubrir

Más sabe el diablo por viejo que por diablo, así que he decidido pedir ayuda en la búsqueda ya que, POR EL MOMENTO, los saraos no dan el resultado esperado. No me rindo a la tentación de videntes de 20 euros y pioneras páginas webs como Match.com para la puesta en marcha del to flirt. He pensado algo más práctico. Busco pistas…

La muestra se va perfilando y no vale cualquiera. Si uno echa la vista atrás y hace repaso de las parejas que ha tenido en la vida, el historial de los zapatos ha sido de lo más disperso. Desde las recuperadas Vans para chico y chica, los náuticos de toda la vida que tan lejos y chirriantes quedan ya, a unos estilosos Camper, que nunca pasan de moda. Esos zapatos de colores y formas originales, ¿para un chico diferente y moderno???? ¿Para aquellos que tienen claro lo que quieren?

Claro está que también hubo “errores de estilo”, líneas editoriales equivocadas que obviaron estos pequeños detalles. Me encontré (y es difícil recordar gracias a que la memoria es selectiva) con grandes desastres en calzado masculino y con los que los llevaban. Esas playeras imposibles de vestir más allá de la ropa deportiva. Un horror.

Para cada estilo de zapatos, hay un chico detrás. Lo difícil es encontrar el adecuado al momento y al lugar. Me pongo a pensar cómo se maneja una gran ciudad en estos terrenos. Ninguna guía de moda lo explica, así que tendré que encontrar otra alternativa para averiguar los lugares donde encontrar lo que busco. El Metro, el autobús, la céntricas calles, en el gimnasio... ¿Por dónde caminan los zapatos de mi horma ideal? Están los castellanos demasiado clásicos, los Pull& Bear, quizás no para este momento, los demasiado modernos que quedan a desmano, los bajitos que llevan alzas, los puntiaguados para los horteras… los Camper, todavía desconocidos para mí… ¿Alguna sugerencia?

Sólo espero que la comunidad bloggera me ayude hacer esta nueva guía que nunca se sabe qué rincones descubrirá. ¿Dónde crees que se pueden encontrar?


24 abril, 2007

Vini, vidi... ¿vinci?

Como recompensa por los ánimos dados, esta vez fui yo quien organizó la salida y mis amigos se apuntaron los primeros. La cita, en una discoteca de la capital, nos convertía en VIPS en la presentación de un disco a nivel mundial. ¡Qué categoría!!! Y la noche sólo acababa de empezar…

En un intento por modernizarme, me vestí color plata cual sirenita en el fondo del mar. Retoque de maquillaje water resistant en el taxi, tacones de aguja negros y lista para hacer la entrada triunfal. Eso sí, en mi línea habitual de llegar tarde. A pesar de mi tradicional impuntualidad, nos situamos en un lugar estratégico en la primera planta del local y muy cerca de la barra. Tres chicos y tres chicas, ¿la noche prometería?

El concierto fue un éxito. Los ritmos latinos de BNK convocaron a varios famosos y a un gran número de medios de comunicación. Tras siete canciones moviendo la cadera para un lado y para otro, subimos a la fiesta de los VIPS. ¡Qué emoción!!!! A pesar de los nervios del momento, la situación se dio por controlada. El secreto está en parecer una divina de la muerte de toda la vida aunque la carrera hacia las copas y los canapés nos delató. Supimos disimular.

Tras una breve y sorprendente conversación con un ex presidente del Gobierno, que confesaba asistir por primera vez a un concierto (y allí estaba yo para verlo) me encontré de frente con uno que parecía salido del videoclip de Amo a Laura. Tras perder la apuesta con una de mis amigas, porque el friki-chico no era quien parecía ser, la cosa mejoró al cruzarme con uno de los cantantes del evento. ¿Flechazo? Unos ojos verdes me miraron. Se acercó y me dio un beso casto. Por un momento me vi cual sirena plateada con un príncipe latino que cantaba, así que decidí dejar las copas a un lado porque mi delirio iba in crescendo.

La fiesta continuaba y los seis que habíamos llegado juntos estábamos desperdigados por la sala. En busca de mi penúltimo gin-lemon, choqué con otra Very Important People. No podía ser cierto… Estaba casi irreconocible pero tantas horas delante del televisor hicieron que mis ojos no me engañaran. La noche me había llevado hasta una Pasión, la de los Gavilanes. El malo convertido en un apuesto, dispuesto y encantador actor colombiano pero la emoción y mi despiste hicieron que me olvidara del objetivo “chico agenda” que siguió a cero.

Al final de la noche el vestido plateado triunfó y me llevó hasta el photocall como una pseudo VIP. Vini, vidi…. ¿vinci?

Días después, el chico de ojos verdes del escenario me llamó. Nos encontramos más allá de las canciones y las ondas radiofónicas. Pero "la vida es" demasiado corta para perderla con un par de zapatos demasiado públicos e insultantemente compartidos. Sigo buscando…

22 abril, 2007

La nueva gurú

La soltería ha llamado de nuevo a mi puerta, así que tras días de reflexión, llega la calma y retomo la carrera que esta vez convertiré en un paseo.

De nuevo en el mundo, una se vuelve observadora con el universo masculino de la cabeza a los zapatos, donde me detengo. Es curioso ver qué se encuentra por ahí. En los tiempos que corren, el sector masculino es un cajón de sastre y de sorpresas, así que echarle un vistazo a sus pies, me puede dar alguna pista que me oriente para no llevarme sorpresas desagradables. Ni indecisos, ni impredecibles. ¿Cuáles serán los zapatos acertados?

Para hacer un verdadero estudio de mercado, hay que… salir al mercado y recorrer mundo. El paseo que retomo me lleva de sarao en sarao con los amigos, divino tesoro. Esos que animan, que te levantan cuando estás caída y que hacen lo posible para que retome la vida. Es mi otoño en primavera, “juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver” (Rubén Darío)

La primera parada en la que me hacen bajar es la presentación de la Guía Gurú 2007, así que necesito modelito fashion más que nunca. Tengo que estar a la altura. La nueva edición de esta guía recopila las mejores tiendas, restaurantes y locales de moda de la capital que me ayudarán a encontrar la muestra para mis estudios sociológicos masculinos. A ver cómo se da la faena. Es una ocasión estupenda para sacar los trapitos del armario. Fuera el negro de la tristeza que llega la primavera y el flower power de Massiel. La noche se vuelve divertida, chic con el Hotel Bauzá como escenario, sus aperitivos, las explosivas copas e invitados. En estas fiestas una ve cómo los lavabos de señoritas se convierten en estupendas salas de reuniones para analizar con todo lujo de detalles las indumentarias y vidas de los asistentes. Guapos modelos internacionales de poca conversación, periodistas del mundo de la moda estresados por sus snobs agendas y guiris alojados en el hotel que se cuelan en la fiesta para contemplar el mercado y vivir la noche madrileña.

Se hace tarde y mi “chico agenda” sigue a cero. Demasiados zapatos pijos para mí. No importa, ha sido la primera estación y ya tengo la guía para convertirme en “gurú” y sacarle el máximo partido a la próxima parada, que ya está cerca.

19 marzo, 2007

Tarde en Urgencias

Tanto sarao y movimiento en el cuerpo… me ha llevado al reposo y a las zapatillas de andar por casa. Mis vaquitas lecheras made in Holanda me abrigan los pies en vísperas de primavera.

Tarde de domingo en Urgencias. Ni George Clooney ni el Doctor Sheppar (bombón dónde los haya) a la vista; quizás porque me encontraba en traumatología y las especialidades de estos pseudo-doctores son otras… Para la pediatría se me ha pasado el arroz y la neurocirugía espero que esté lejos!!!

La sala de espera es lugar ideal para aburrirse y observar la indumentaria de los convalecientes como yo, pero no pude. Mi lesión en el trapecio me lo impidió. Sí, ese músculo próximo al cuello al que debemos el nombre por los trapecistas que lo desarrollan de manera extraordinaria; o, por lo menos, esa fue la explicación que me dio el simpático doctor que tenía un sexapple lejos de los atractivos médicos televisivos.

Esa mañana, mi cuello se había levantado rígido como una tabla con una inclinación progresiva hacia la izquierda e imposible hacia abajo, así que mis intentos para observar qué se caminaba por los suelos fueron en vano.

El resultado: semana de reposo sin ningún tipo de ejercicio físico, algo que no me costará gran trabajo… y con calzado lo más cerca del suelo. Sacaré del baúl manoletinas, merceditas y zapatos que mimen mis pies y espalda. Todo sea por la salud y por las próximas fiestas de aguja e hilo de oro que me esperan.

13 marzo, 2007

Cambio de registro. Me voy a fútbol

Tarde de fútbol. Por un par de horas cambié mi pasión por los zapatos, por la pasión de 22 jugadores en pantalón corto corriendo detrás de un balón. Por mucho que quisiera, sabía que no podía llevar mis zapatos de tacón al campo de fútbol, así que me puse a pensar cuál era el modelito adecuado a llevar. Para no fallar: la opción perfecta, unos vaqueros pitillo con toque fashion en los pies. Le sumé mis deportivas doradas.

El calor comenzaba a asomar en la tarde de Madrid, así que dejé para la temporada que viene mi bufanda deportiva. Era mi estreno en un estadio y tenía que ir preparada, como no, radio en mano. Y menos mal. Porque si no fuera por las ondas radiofónicas, los pitos del árbitro hubieran sido para mí la sintonía de una samba en carnaval.
De repente me encontré sentada en la grada rodeada de un griterío de hombres enloquecidos… por otros hombres!!!! Observé a mi alrededor, intentando localizar a alguna mujer con quien cambiar impresiones futbolísticas pero, a pesar de que el fútbol ya no es sólo cosa de hombres, ellas estaban dispersas por la tribuna y muy concentradas en el partido. Algo que yo no lograba.

Gol!!!!!! Gol del equipo local. En ese momento agradecí la ausencia de los tacones para no rodar escaleras abajo con la locura transitoria del público saltando para celebrar el tanto. 90 minutos de pasión, emoción y deporte. Final del partido.

Me levanté de mi asiento y me puse a pensar en cómo salir de aquel lugar llamado estadio. Escaleras (imposibles) abajo y todavía arrastrada por la emoción contagiada del partido, los destellos dorados de mi indumentaria me hicieron visible al comentarista deportivo, que casualmente me había narrado el partido mientras yo lo vivía en el campo. Me llevó hacia la salida… pero la de los jugadores recién duchados. ¡¿Qué emoción?! ¿Ver de cerca a esos hombres en perfectas condiciones físicas pero para mí totalmente anónimos?
En la sala donde se encontraban había muchos periodistas en masculino que con sus miradas me preguntaban de dónde había salido. De repente, apareció por medio una reportera intrépida de televisión que me repasó de arriba abajo. Yo me vengué haciendo lo mismo y descubrí que llevaba tacones!!! ¿Cómo era posible? ¿Sería de las que llevan el recambio en el bolso?

Lo tengo claro: si la reportera puede, yo también. Mi próximo partido lo sobreviviré en una de esas salas VIP , con los zapatos que me dé la gana y con el narrador radiofónico a mi vera para que me enseñe a identificar a los futbolistas guapetones de los que sólo pude entender su guiño de ojos.

04 marzo, 2007

Fetichismo en los pies. Un año después

… Al final, una acabó hibernando metida en un zapato. Tiempo después de mi última aventura navideña (dónde quedó), se cumple un año de la puesta en escena de “Fetichismo en los pies”, que no POR los pies, esas “cosas” que tanta grima me dan. 365 días repasando las cubiertas de los pies de media ciudad… y parte del extranjero porque, en este tiempo, he hablado varios idiomas, visitado distintas ciudades y vivido el día y la noche. “Fetichismo en los pies”, con sus visitantes, también se ha vuelto internacional.

Pero siguen las historias. Pasé el trance de las “rebajas”. No lo resistí y a golpe de tarjeta me fundí medio sueldo gracias a mi mala fortuna de tener atracción para los únicos pares no rebajados de toda la tienda. ¿Qué hacer ante la novedad? ¿Conseguiré resistirme algún día a la tentación? O mejor dicho, ¿querré parar de comprar alguna vez? Creo que no.

Dos meses hibernando para no caer en la tentación. Y es que al mínimo rayito del sol primaveral, los escaparates se llenan de colores y vuelven a décadas pasadas. ¿Qué tocará en este nuevo equinoccio?

¡Dios mío! ¡Qué ven mis ojos! Si todavía camino en la cuerda floja con mis tacones de aguja imposible, ¿qué voy a hacer con las megaplataformas primaverales?, ¿dónde me las pongo? ¿Podré sobrevivir al nuevo estilo semi drag queen? Pasen y vean porque esta opción está por todos lados y nadie se escapa. ¡Sube la falda! ¡Ponte unos leggins! ¡Y móntate en cualquier zapato de tacón con cuña delante! Un plus a los centímetros para recorrer el asfalto casi por las nubes… ¿Lo conseguiré esta vez?

Mes de marzo… Mes peligroso para mi bolsillo. Es hora de ver, no sólo lo que se ha apolillado en el armario, sino, y lo que es mucho peor, ver lo que me cabe de la temporada anterior. No sé si optaré por la opción de borrón y cuenta nueva; al fin y al cabo, es otra manera de renovarse con estampados geométricos y vestidos vintage, que tanto valen para ir a trabajar o para perderse de noche. El único secreto es escoger las piezas correctas para correr hacia el metro a las 8 de la mañana o para deslizarse en la pista de baile… por fin bien acompañada.


P.D.: Ya tengo preparado mi look glam y mi vuelta a los tacones para lo que se avecina… (continuará)

23 diciembre, 2006

Peep toes, fiestas de Navidad y aeropuertos

Como saben, hay dos tipos de personas y una de ellas son las que vuelven a casa por Navidad. Esa soy yo. Como el turrón, la Lotería (no hubo suerte tampoco este año) y el estrés navideño, vuelvo a casa un diciembre más.

Me da pereza hacer la maleta. Necesito más espacio para meter todos los pares posibles: optimizar al 100%. Ya se sabe que son jornadas de mucha actividad: que si un zapato para el día, que si otro para la noche, para las fiestas, para las cenas, para ir de compras, para tomar un café, para la lluvia, para caminar acompañada de otro… Esto me recuerda que tengo que hacer esa típica y tópica lista de deseos y propósitos para el año que empieza… ¿Por dónde debería comenzar?

El avión es el medio que me separa de mis dos ciudades. Es el medio del rencuentro por Navidad. La ocasión lo requiere, así que también necesito glamour aéreo. Tacones con aire nostálgico que emulan aquellas películas en blanco y negro de los años 50: gabardinas, música de fondo, pistas de aterrizaje y despedidas. Pasear con estilo, por la Terminal, esa maleta infinita, sin fondo; oculta tras unas gafas negras que tapan recuerdos, experiencias e historias que 2006 deja atrás. Miro de reojo… 600 kilómetros de distancia y una oportunidad más para un nuevo punto de partida.

No se puede terminar el año sin haber felicitado a los compañeros de trabajo, de todos los días, los examinadores de mis pies. Música, baile y alguna que otra copa para danzar como una peonza durante varias horas. Modelitos en los pies. Intento recordar el ranking pero no recuerdo mucho, así que eso me lleva a la conclusión de que hay poco que contar. ¿Mi elección? Peep toes negros con medias caladas del mismo color… Como una muñequita de porcelana pero con un metacarpiano que se recupera del gran pisotón que, como la Lotería, vuelve también por estas fechas.

Se acerca la última noche del año. Otra vez me he propuesto no arruinarla con tacones maravillosamente imposibles. A poco más de una semana, todavía no he hecho la elección… y deberían estar incluidos en mi maleta sin fondo. Navidad es sinónimo de fiesta y una de las mejores épocas para recrearse en los escaparates de millones de tiendas en España. Sandalias de raso, strass, lentejuelas; salones de punta redonda, de la otra… bailarinas con lazo, sin lazo… ¿Con qué me quedo? Mientras me decido entre mostradores de facturación y puertas de embarque, practicaré con esos tacones imposibles, todavía sin estrenar; pensaré mis propósitos para el año que empieza y buscaré al Señor del Antifaz, que, en sus brazos, evite que mis pies pisen los charcos de la nueva etapa que espero que empiece.

09 diciembre, 2006

El universo de los zapatos... se extiende


Hay dos tipos de personas: (...)

Desde las pasiones de punto y seguido, me he reencontrado con el mundo de los zapatos... y las compras. Una ruina. Ni finiquitos, ni nóminas, ni pagas extra de Navidad.
He vuelto a caer. Lo confieso. Tarde de compras y, en tan sólo una hora, mi cartera se resiente por tres pares de zapatos. Eso sí, lo último de lo último... en tan sólo 60 minutos!!!!!! Las primeras en caer: unas deportivas doradas, último grito para ir acorde al momento "glam" ochentero del otoño; unas bailarinas efecto cebra (porque el leopardo es sólo para horteras) y unos tacones "divina de la muerte", que todavía mis pies no han estrenado. No sólo por falta de ocasión (atención a los interesados porque recupero mi vida nocturna) sino porque todavía el pasillo de mi casa no es lo suficientemente largo para practicar y practicar... y no morir en el intento.

A pesar de mi ausencia en este breve tiempo, he mantenido mis contactos fetichistas con el mundo de dentro y fuera de los zapatos. Pude pasar una tarde loca (otra más) con amigas recorriendo Serrano, calle arriba, calle abajo, soñando despiertas con pasearnos sobre las reliquias de Manolo y Jimmy. Lo cierto es que llegamos a la conclusión de que nuestras vidas sociales no son, por el momento, lo suficientemente fashion como para tener ocasión de lucirlos. Con mi escasa buena suerte o, más bien, la buena suerte de mis pies, no me arriesgo a que un pisotón arruinen más de 600 euros hipotecados en un sueño.
Siguiendo con el tema de mis contactos, no más lejos de los profesionales, poco a poco aparecen colaboradores que atisban rasgos fetichistas, aunque ellos lo disimulen. A mi correo llegan noticias sobre calzado, modas y estadísticas ("La mujer española pisa fuerte en el mundo del calzado"; eso ya lo sabíamos) y cada mañana las cubiertas de mis pies pasan examen en la mesa de al lado.
Mis experiencias blogueras también volvieron a la Universidad, de donde salieron, aunque fueron sólo de visita. Tendrán que volver, así que iré pensando qué modelito lucirán "izquierdo" y "derecho" para que una mirada, la mirada, se vuelva en ellos y pregunte de nuevo si cuentan historias de verdad o de ficción.

Dejando a un lado las compras compulsivas y las conversaciones fetichistas, llega la Navidad. Sí, para bien o para mal, está ya a la vuelta de la esquina y, sin haberme recuperado de las adquisiciones otoñales, llegan las invernales. Lucho con todas mis fuerzas para no caer. Una especie de David contra Goliat. Últimamente me inclino por modelitos a lo "Austin Power", ponibles gracias al invento de los legguins. Tras disimular las piernas (que son otra historia), me veo sin zapatos. ¿Yo? ¿Sin tener qué ponerme en los pies? Busco en el armario para ver que encuentro... y recupero una especie de bailarinas de punta, que no controlo muy bien por mis andares de pato. Así que, cuando mi bolsillo se recupere tras un finiquito simbólico, ya le tengo echado el ojo al siguiente par. Tomo nota y apunto para mi carta de Reyes Magos unos salones negros, marrones u oro viejo, la decisión la dejo en manos de Sus Majestades. Eso sí, que no se olviden de los modelos con mucho tacón pero con el que no necesite practicar en el pasillo-pasarela de mi casa.

Los fetichistas de los zapatos como yo son internacionales. Así que aprovecho a dar las gracias a todos aquellos blogueros que visitan y escriben en esta página. Aunque espero veros antes, que la salida y entrada de año sea... con buen pie (y zapato)

22 septiembre, 2006

Pasiones de punto y seguido


Hay dos tipos de personas: las de punto y a parte y las de punto y seguido. Ni pausas breves ni puntos y comas, yo me sumo a eso de temporada nueva: vida nueva. Tras un inexistente parón de vacaciones ficticias, retomo la visión de la vida desde los pies. El maratón finalmente se convirtió en una verdadera carrera de fondo y mis zapatillas deportivas quedaron exhaustas... y desgastadas. Poco a poco me dejaron desnuda pero conseguí llegar a meta.

La cuesta de septiembre deja atrás ondas hertzianas, “sumer loves” (in my shoes) y pies descalzos y algo asfixiados. Vuelven las “merceditas”, los Armanis con hebillas, el aire retro de los 70’ y 70 historias que contar. Se acabaron los amores de saldos y vivir de noche, que no la noche. No voy a hibernar así que es el turno de crear un buen fondo de armario de vida.

Papel y lápiz y anoto los pasos a seguir. Retomo la idea del punto y a parte que se esfuma en tan sólo una semana. Todo vuelve- retroalimentación- feedback: los zapatos, los amores y el trabajo. Cojo aire y vuelta a la carga pero sin aprovisionamientos. La situación obliga a manejarse sobre la marcha.
Abro el armario para ver qué encuentro. Ahí también todo se repite. Botas “gavilanas” para cabalgar acompañada, brillos y lentejuelas a ras de suelo y la novedad del tweed. En el trabajo, tan sólo por el momento, pocos centímetros que me den tiempo para coger soltura, caminar de punta, a paso de hormiguita. Vuelven las ondas hertzianas, ritmos nuevos, otoñales e ilusionantes.

Los otros amores, las otras pasiones, las vacaciones, los puntos y a parte se quedan por el camino. De momento.

25 junio, 2006

Zapatos de maratón

Hay dos tipos de personas: las que corren el maratón y las que no. En mi caso, el maratón empieza a las 4 de la mañana…

Necesito entrenamiento y, como no, un buen calzado. En mi enorme bolso, que me acompaña allá donde voy, cabe de todo. La agenda, el neceser, esas cosas de mujeres, mi brillo de labios… y los zapatos de recambio. Los tacones que necesito para llevar ventaja, respecto a los demás maratonianos que comparten carrera, a la hora de gritar por el taxi cada mañana; los cambio por mis sandalias planas multitiras que me permiten correr por las escaleras del metro a lucha viva por entrar en el vagón.

Saben que en el transporte público, en la ciudad que sea, hay que llevar zapato cómodo porque a esas horas toca ir de pie. Unos optan por leer novela, ensayo, prensa gratuita… pero yo me aplico en filosofía de pies. Las revistas recogen las tendencias pero los vagones son el escenario donde se aplican. Encontrarán de todo: zapatos de funcionaria, chanclas, alpargatas, bailarinas y calzado de ancho especial para trabajadoras de grandes superficies. Me bajo del vagón y vuelvo a las alturas. Entro caminando por las nubes en la oficina, avisto horizontes lejanos… pero tropiezo con el cable del ordenador. Demasiada altura para tan poco escenario. Vuelvo a mis sandalias multitiras que me sujetan a tierra firme. Como en la Grecia Antigua, sólo llevo la mitad de los 42, 195 kilómetros que me faltan para acabar el día.

Mis pies tienen que aguantar toda la jornada para volver a lucir esos Gucci con los que gano tiempo en la pedicura, ya que sólo dejan ver cuatro de mis diez horrorosos dedos de los pies. Al final del día, ellos me llevarán a una buena velada, con algún viejo amigo que, con suerte, irá con el calzado adecuado para que la combinación sea perfecta… Mañana a volver a empezar.

06 junio, 2006

... el verano es de las alpargatas

Hay dos tipos de personas: las que adaptan su armario cada temporada y las que no. ¿Adivinan en cuál me encuentro yo?

Necesitaba ir de compras. Una terapia que, aunque no explícitamente, me había recomendado mi terapeuta, ese que le pago por escucharme. ¡Pero qué gusto!: terapia efectiva y de diseño. La cuenta que me la pasen dentro de tres meses. Eso me permitirá poder disfrutar algo más de las compras ya que tardaré en poder volver a repetirlas. Las rebajas se acercan pero qué mejor que un caprichillo recorriendo el Barrio de Salamanca o las céntricas calles madrileñas. Me acompaña un café, de esa marca casi impronunciable ya que, aunque progreso adecuadamente, mi inglés todavía no es “great”. Un café porque, aunque las temperaturas empiezan ya a dilatar mis pies, necesito sustancia en mi cuerpo que me mantenga viva para pasar y pasar la “credit card”…”El cargo a tres meses, por favor”, le digo de nuevo a la cajera.

Nada de trikinis, ni horchatas… el verano es de las alpargatas. Ellas mejor que nadie soportan la hinchazón de mis acalorados pies. Madrid me lo pide. El asfalto caliente se me pega a la chancla, que a pesar del glamour y exotismo de mis auténticas “Hawaianas”, no eclipsan a mis nuevas alpargatas vaqueras. Con ellas empezará la nueva temporada.

Leía el otro día un artículo sobre la inminente desaparición del negocio centenario de las alpargatas, por eso del gran gigante chino. “Las últimas alpargatas populares”, titulaba. Serán las últimas porque a la artesanía a precio de ganga le quedan los días contados. Nos tendremos que pasar a los modelos de Chloé, Gaultier, Húngaro o Hilfiguer que los mantienen, después de 50 años, como complemento más fashion del verano. Yo me apunto a los zapatos que pusieron de moda Dalí, Jacqueline Kennedy o Marilyn Monroe, de la mano de Yves Saint Laurent, quien los popularizó allá por los años 60. Enciclopedia de la alpargata podríamos llamarlo. La historia de estos zapatos con suela de yute, con etiqueta “made in Spain”. La comodidad es su seña de identidad; ya lo sabían los romanos por aquel entonces. Su internacionalización ha llegado a los países nórdicos, Estados Unidos o Japón y no sólo podremos disfrutarlas en verano en todos los estilos y colores, de raso o algodón. Lo último y, quizás sea también mi elección, lo encontramos en moda nupcial de la firma Castañer. Eso sí, desde la azotea: siempre con gran cuña.

03 junio, 2006

De plataformas adolescentes a tacones de aguja de la madurez

Hay dos tipos de personas: las que finalizan una etapa… y las que todavía están en ella. Yo me encuentro en la primera, de nuevo. Pongo punto, pero seguido, a los cinco años más importantes de mi vida. Cinco años llenos de emociones, conocimientos y experiencias. Muchos pares de zapatos juntos, revueltos y alguno que otro desparejado…

Ahora que se acerca un punto de inflexión, un cambio, es bueno mirar atrás. Hacer un recorrido con la memoria, revivir las experiencias, un recuento de lo que uno se lleva y se deja por el camino. Para ello, qué mejor que subirme a mis nuevos tacones, altos, cómodos y bien agarrados a los tobillos. Son vaqueros… para lo que venga. Pero eso es ya otro tema.

Por esta etapa han pasado zapatos tolerantes, divertidos, dulces y otros de saldos, que no produjeron más que durezas. En este mercado de la vida, uno aprende a escoger lo que quiere, dónde comprar y lo que no resulta rentable. Me fui de compras por España, desde el embrujo (y las tapas) de la Alhambra hasta los archipiélagos. Las zapatillas mallorquinas no me convencieron y crucé el charco. Allí me compré un poncho de potrillo con sus mocasines a juego, de esa calidad que dura una vida. Aprendí el significado de tolerancia, diferencia y… amor. Me pasé de las plataformas de la adolescencia a los vertiginosos tacones de aguja de la madurez. Tuve que aprender a caminar con equilibrio.

Y en ese equilibro me encuentro. Los grandes amores, las grandes ilusiones de las etapas que acaban. Cambios en la vida y en mis pies (he conseguido evitar los temidos juanetes) que permanecen en la memoria para siempre. Mi mente se abrió a otras regiones, culturas y zonas de compras donde conseguir nuevas adquisiciones (de zapatos, se entiende). En esa memoria también estarán todos los pares que la acompañaron por el camino: nacionales e internacionales, como Manolo Blanik o Jimmy Choo. Los que se rompieron por el uso y los que todavía siguen. Faltan muchos por llegar, nuevos que gastar, pero ninguno tendrá ya las mismas ilusiones, inocencia y ganas de antaño.

28 mayo, 2006

Caminar descalza... de nuevo

Hay dos tipos de personas: las que tropiezan y las que no. Yo, una vez más, pertenezco al primer grupo. Los grandes tacones me han hecho tropezar una vez más… y la caída siempre es dura.

Se puede tropezar en muchos sitios, y más cuando el calzado no es bueno… pero, en esta ocasión, no ha sido por culpa de los zapatos, no me equivoqué al elegir los elegantes y delicados que tan bien cuidaron mis pies, los mimaron, los recompusieron de dolores anteriores; sino que fueron mis pies, esos malditos, los que no estuvieron a la altura. Se equivocaron de talla, se quedaron pequeños. Ni ellos ni yo supimos adaptarnos y ahora caminamos solos, descalzos, con nuevas heridas y otras que reaparecen, sin saber qué rumbo tomar y cómo vestirnos de nuevo… La fealdad de mis pies sale a la superficie.

Me descalcé, desnudé el alma, me entregué. Me subí a las alturas, más allá de lo que unos vertiginosos Manolos pueden ofrecer. Caminé acompañada del par que me ofrecía el mundo, sus hormas, sus suelas, sus tacones desde donde mirar más allá; sus cordones a los que agarrarme cuando los míos no atasen… pero mi par no pudo, no supo o no quiso y se desvió del camino.

Ahora van solos. Es el comienzo de una nueva temporada donde aprendo a caminar de nuevo. Intento andar pero voy descalza, como esos malos sueños: descalzos por la calle, sin ninguna protección. Busco el envoltorio con el que protegerlos para recorrer cada kilómetro que falta. La tendencia marca la repetición de modelos anteriores, que se adaptan a cada estación con distintos materiales: la piel deja paso al plástico, el plástico al charol y el charol al strass. Nada de ir de rebajas que todavía no son horas y las gangas, no sé qué pensarán ustedes, no existen.

Siempre las puertas están abiertas para las soluciones pero piensen que los zapateros están en peligro de extinción. Y no me refiero a Presidentes del Gobierno, para alegrías de unos y penas de otros, sino a ese gremio que repara los destrozos provocados y hacen posible que el mismo par continúe como nuevo.

Ahora, cuando lo vuelva a encontrar, cuando por fin esté reparado, sólo tendré que sujetar fuertemente a mis tobillos el par perfecto, esas sandalias que me daban libertad, para que no se suelten más y no tropezar de nuevo.

22 mayo, 2006

El último objeto de deseo

Hay dos tipos de personas: las que les encanta ir de tiendas y las que no. Yo me encuentro, aunque a estas alturas sea obvio decirlo, en el primer grupo. Y qué mejor si las compras las centramos, una vez más, en los zapatos.

Yo sí soy de las que tienen el síndrome de “finales de mes” pero, como saben, siempre hay un hueco para algún caprichillo de saldos y no me he podido resistir a lo más “in” del momento. Ahora les cuento.

Quien no padece la cuesta de enero, de septiembre o la de finales de mes es la Ministra de Cultura, Carmen Calvo. A ella por supuesto le gusta ir de tiendas y no tiene este síndrome que la mayoría de las mujeres padecemos. Y les cuento que hace unos días, casualidades de la vida, me encontraba con la Ministra de compras como el resto de las mortales en una de las “Amancios”. Sí, así se llaman por lo visto, todas las tiendas del gran Imperio Inditex, como me contaba una amiga jurista el otro día. El gran “Emporio” del coruñés Amancio Ortega tiene adeptas también en las cúpulas de los Ministerios. Eso sí, yo no veo a la Señora Calvo en Berska, pero sí en Massimo Dutti, la ”Amancio” con más estilo, lo que más se ajusta a ella. Como una compradora más, Carmen Calvo rebuscaba entre montones de ropa enfundada en un vestido años 60, de tonos beige claros, cintura entallada y falda ebasé por debajo de la rodilla. Con gafas (de leer pero no los precios) y el “manos libres” funcionando al 100%, para que los españoles sepamos que aunque la Ministra esté de compras un día de diario a las 6 de la tarde, se lleva el trabajo allá donde vaya.

Les sigo contando. Al verla, y tras el reciente piscolabis con la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet; no pude evitar fijarme al máximo detalle en su indumentaria. Con una horquilla en el pelo, muy sesentera como les digo, y bajo un gran bolso Chanel, sí, Chanel (piensen ustedes que ahora un bolso de estos está a la altura de cualquiera; yo incluso tengo uno, aunque el mío sea mini-mini y comprado en China), la Ministra caminaba con la prenda básica de esta temporada: la manoletinas. En este caso, desconozco la firma de sus bailarinas doradas, que se han convertido también en mi última adquisición, pero la Ministra emulaba a la elegante Audrey Hepburn en Sabrina, el clásico dirigido por Billy Wilder. Planas, de punta afilada o redonda, escotadas, de piel o tela, con lazo o flor, representan la comodidad con mayúsculas, ideales para una tarde de compras o aguantar largas horas en la oficina. Ideales para la vida de una Ministra como ella.

Compartidas por mujeres y hombres, aunque en ellos sea sólo en arenas de plazas taurinas, se convierten en objeto de deseo de jóvenes y no tan jóvenes para recorrer calles de grandes ciudades como Madrid. Desde Zara a Marc Jacobs o Manolo Blanik, me quedo con las de toda la vida de Jaime Mascaró.

12 mayo, 2006

Igualdad, Ministras y... zapatos


Hay dos tipos de mujeres: las que asistieron a la cena con la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y las que no. Yo, aunque no se lo crean, estoy en el segundo grupo.

Al comentado evento acudieron unas doscientas mujeres de ámbitos variados como el político, judicial, empresarial, cultural y social en agradecimiento por la defensa de la igualdad entre sexos. Aquí es dónde me pregunto cómo harían el filtro de asistentes porque yo SÍ me encuentro en el grupo de personas (no dudo que los hombres también) que trabaja por la equiparación entre géneros.

Una vez asimilado que ni ustedes ni yo asistimos a esa recepción, con música, saludos y piscolabis, volví a los suelos y empecé a repasar los géneros, en este caso, los textiles, que lucieron (por decir algo, vamos) las invitadas. A la espera de comprarme el próximo número de la revista ¡Hola!, para que no se me escape ningún detalle, tengo que reconocerles que no sabía si aquello sucedía en el Palacio de El Pardo o en la Verbena de la Paloma a ritmo de chotis.

Bajemos, por fin, a los infiernos de los pies. La recepción se convirtió en un cajón de sastre. A excepción de apasionadas de los zapatos, como la periodista Ana Rosa Quintana, las Ministras “lucieron” tremendos modelos, a los que ya nos tienen habituados. Porque ni la pizpireta Carmen Calvo, Ministra de Cultura, tras el colorido modelazo de Ágatha Ruiz de la Prada que lució en la última edición de los Premios Goya; supo estar a la altura de las circunstancias y se llevó las botas camperas de la Feria de Abril combinadas, en esta ocasión, con el satén de su vestido. Un numerito como el de Trujillo que, además de recordarle lo de las hipotecas, los alquileres por las nubes y el acceso de los jóvenes a la vivienda, que no se olviden, por Dios, de comentarle también que “Ya es primavera en… el Ministerio”.

Los mercadillos y tiendas de saldos hicieron su agosto con las invitadas políticas. ¿Dónde estaban los asesores del reportaje de Vogue, en el que nuestras Ministras posaban como si de “top models” se tratase????? Porque, a pesar de la polémica que levantó aquel reportaje, han de reconocer ustedes, que los estilistas sacaron lo mejor de cada una… En este mercadillo de tendencias ministeriales, a la Secretaria de Estado de Cooperación, Leire Pajín, se le olvidó, en línea con la mujer del jefe, Sonsoles Espinosa, la feminidad que aportan unos tacones. Y aunque las invitadas “compartieron de pie los platos, la bebida y la conversación", unos buenos tacones son indispensables para realzar unas piernas que en las mortales, no siempre son perfectas.

Y hablando de perfección, lo próximo que debería esperarse es que no sea noticia que una mujer consiga llegar a donde ha llegado Michelle Bachelet y unas pocas más…

11 mayo, 2006

Me caso


Hay dos tipos de personas: las que deciden casarse y las que no. Yo me encuentro, esta vez, en el primer grupo. Dicen que lo de casarse es una de las decisiones más importantes en la vida de uno pero, más que por el acto en sí, por el gran lío donde te metes a la hora de organizar una gran boda.

Una vez que te lo piden como es debido (sí, como es debido): anillo, rodilla, lluvia, estrellas…, todo envuelto en el romanticismo de antaño, lo que más ilusión nos hace a las mujeres, digan lo que digan, es buscar el modelito a lucir. Seamos invitadas al evento o las protagonistas del mismo, versión civil o vía religiosa. Yo me encuentro en esa fase. Si ya es habitual la eterna pregunta: “¿Qué me pongo?”, ahora, más que nunca, la decisión se convierte en una de las más importantes de tu vida. Todo el mundo hablará de tu modelito. Al fin y al cabo ya tienes marido, en este caso, prometido. Una parte del pastel está lista.

Internet me ayuda a sondear las tendencias de lo que se lleva en moda nupcial esta temporada: escotes palabra de honor, corte imperio, gasas. La World Wide Web ofrece miles de páginas donde perderte buscando el traje de tus sueños pero… ¿y los zapatos????? ¿No son ellos los que verdaderamente te soportarán todo el día y toda la noche???? Si el vestido es decisivo, los zapatos más. Ellos serán los responsables de amargarte tu día o convertirlo en un maratón que te permita olvidarte de tus descuidados pies para no perder un segundo en saludar a todos tus invitados y bailar hasta altas horas de la madrugada. Internet aquí también da para mucho. Navego embarcada en zapatos de Jimmy Choo o en Manolos nupciales. Al fin y al cabo, si en una boda se tira la casa por la ventana con presupuestos desorbitados, ¿qué suponen 500 euros más por unos zapatos, coprotagonistas del gran día?

Grandes olvidados de los diseñadores, los convierten en protagonistas en la sombra bajo grandes faldas de gasa, satén, tul u organza. Las novias amantes de los zapatos, como yo, están de suerte. Para esta temporada, el diseñador Pepe Botella, habitual de Cibeles, nos transporta a los años 50 con preciosos vestidos tobilleros. Ocasión excepcional para devolver al calzado nupcial la importancia que tiene y lucirlos uno de los días más importantes de la vida.

300 millones dan para mucho


Hay dos tipos de personas: las que tienen dinero y las que no. Yo me encuentro, por supuesto, en el segundo caso, imagino que como la mayoría de ustedes. Pero para más detalle, hay personas, en las que nuevamente no me encuentro, que tienen la fortuna de su mano y ganan premios de importante cuantía. Y digo importante porque así de impresionada me quedé al ver los números del bote que el programa “Pasapalabra”, presentado por el atractivo (me quedo en atractivo por no explayarme en sus dotes portentosas) Jaime Cantizano. Eso pensaba yo al leer la cifra de este premio, 2.190.000 euros (les traduzco en las añoradas pesetas: 364.385.340). A pesar del varapalo que le meterá Hacienda al ganador, un madrileño que roza la cuarentena (desconozco su estado civil pero tomen nota las interesadas), 300 millones de pesetas dan para mucho… y aquí es donde yo me puse a pensar.

¿Qué haría usted con 300 millones? En mi caso, además de una jubilación garantizada y la hipoteca pagada, los más beneficiados serían mis pies. Ellos dejarían de sufrir las callosidades originadas por esas joyitas de saldos, que nunca incluyen los pagarés por los “desperfectos originados” que al final de mes me pasa mi callista o casi mejor (queda más fino) mi “médico de pies”. Porque 300 millones dan para invertir en buenos zapatos. En los vertiginosos “Manolos” de 10 centímetros, que te permiten correr para no perder el metro (aunque fuese rica no perdería costumbres mundanas) o en las fetichistas sandalias del diseñador inglés Jimmy Choo. También estarían cubiertos tratamientos relajantes, no reparadores. Ahí está la diferencia de tener dinero a no tenerlo. Ellos, mis pies digo, también tienen derecho a disfrutar de la reflexología, de la pedicura de nivel y de las cremitas tipo Esteé Lauder o Chanel, específicas sólo y exclusivamente para ellos. ¡Pero qué gusto! En esta ensoñación la boca se me hace agua como si visionase una gran mariscada… Hasta en estos sueños uno tiene que tener pasta, pero es que los gallegos somos así. Al fin y al cabo, y sólo por esta vez, no todo van a ser zapatos…